LA BANDA DE MÖBIUS

 



August Ferdinand Möbius
(Noviembre de 1790, Schulpforta, Sajonia, Alemania / Septiembre de 1868, Leipzig)
Fue nuestro hombre un matemático alemán que descubrió su famosa “Banda de Möbius”(“Cinta de Moebius”), un modesto aro de papel que presta su nombre a nuestra novela. Como muchos de los descubrimientos, el suyo fue de lo más sencillo. Una imposible cinta de papel que sólo tiene una cara, que sólo tiene un borde, con una superficie no orientable que hace que si una persona tumbada se deslizase por esta cinta mirando hacia la derecha, al dar una vuelta completa, llegaría al punto de partida con su orientación invertida. Curiosidades y caprichos matemáticos. Idas y vueltas que son vueltas e idas. Caminos que una vez recorremos sin saber que son los mismos caminos y sendas que ya una vez recorrimos. La demostración rigurosa de que todo sigue igual, de que nada cambia. Como en nuestra vida, como en nuestro mundo, siempre cambiante, siempre igual.

                                                           

Opinión de Alonso Chávarri                                                            

Sorprende esta interesante novela, editada por El Tragaluz, porque tiene poco que ver con las anteriores novelas de su autor, el escritor riojano Julio Armas. En su anterior libro, Armas nos llevaba al Perú de la conquista en una novela histórica de aventuras, en la que todo estaba dominado por el profundo conocimiento que el autor tiene de la época de los virreinatos americanos, asunto principal también de otros de sus libros; sin embargo, en esta nueva entrega, titulada LA BANDA DE MÖBIUS –figura matemática tridimensional, cerrada y alabeada, en la que al hacer un recorrido completo por su cíclica superficie, las figuras quedan invertidas-, el autor nos sitúa en la actualidad y, aunque parte de la historia se desarrolla en la selva peruana, tiene poco que ver con la conquista.

         Resulta difícil catalogar genéricamente esta novela, aunque en principio se trate de una historia “negra” sobre la búsqueda de tesoros incaicos en una tumba por descubrir, por parte de un personaje amnésico que, a través de la propia búsqueda, intenta recuperar sus recuerdos, ayudado en el rastreo por empleados de mala catadura y peores intenciones, porque confluyen varios elementos novelescos que distancian el relato de los cánones de la novela negra. El protagonista, que comienza llamándose Salvador y está investigando por qué le torturaron sin motivo unos maleantes, no es el protagonista de la novela de Julio, sino de otra que está escribiendo el personaje principal –éste sí del libro de Armas-, que también parece que se llama Salvador y aparenta ser un modesto ferretero casado con la enfermera Lola –nombre también de la “secretaria” del otro Salvador-. El motivo principal de la historia acaba siendo que nadie es lo que parece, en un juego ascendente por adivinar la realidad de cada personaje, realidad que, en algún momento, se confunde con la ficción que se escribe dentro de la historia, a lo que ayuda la coincidencia de nombres, y que hace que la historia deje de ser una novela negra convencional para transformarse en una novela psicológica, en la que, ciertamente, los personajes parecen circular por una banda de Möbius, que en cada ciclo les vuelve boca abajo y son personajes inversos de lo que eran.

A pesar de la aparente confusión argumental, la novela está tan bien llevada que su principal característica es la amenidad y se lee con mucho gusto y mayor facilidad, ya que la confusión argumental resulta ser sólo apariencia, un juego del autor resuelto con gran eficacia e ingenio.

En resumen, estamos ante una buena y sorprendente novela de Julio Armas, con la que disfrutarán tanto los amantes de la novela negra como los amantes de géneros de mayor enjundia, y que nos deja un tanto perplejos a los que seguimos la trayectoria del autor, por lo que supone de cambio radical en sus planteamientos literarios, pero manteniendo, eso sí, la calidad de su prosa y su habitual eficacia narrativa.

                                                             “ALONSO CHÁVARRI” (Crítico literario)