Conquistadores no riojanos.

* Exploradores, cronistas o historiadores españoles o al servicio de España por los territorios del nuevo mundo y el Pacífico.

Año/s

Nombre

1492-1504

Cristóbal Colón.

1492

Martín Alonso Pinzón.

1493

Juan Rodríguez de Fonseca

Peralonso Niño.

Pedro de las Casas

Cristóbal Guerra.

Diego Colón.

Pedro Margarit

Padre Bernardo Boil

1494

Alonso Sánchez de Carvajal

Juan de Luján

Pero Hernández Coronel

 

1502

Bartolomé de las Casas

1508

Antonio de Torres

1509

Diego de Nicuesa

1492

Vicente Yáñez Pinzón.

1492-1498

Alonso de Ojeda u Hojeda (EL caballero de la Virgen)

1492-1510

Juan de la Cosa

1499-1503

Américo Vespuccio

 

 

 

 

 Cristóbal Colón:

 Navegante nacido, muy probablemente, en Génova hacia 1451, año que ha podido fijarse por un documento del 31 de octubre de 1470 en que Cristóforo Colombo se declara mayor de diecinueve años, y por otro de 25 de agosto de 1479 -documento Assereto- en el que declara tener veintisiete años o cercano a esa edad. Falleció en Valladolid durante 1506. Su vida está llena de problemas, Para todos sus coetáneos, Colón fue indudablemente genovés, o italiano; él, en sus documentos, se considera extranjero en España y algunos historiadores le achacan orígenes la mar de pintorescos como Cataluña, Extremadura, Grecia, o el hebraico, que le asigna Salvador de Madariaga.

De su adolescencia en Génova quedan seis documentos en que se le cita con su padre entre 1470 y 1473, apareciendo en 1472 en Savona y llamándosele en uno lanero o tejedor

Colón residió en Portugal (1476-84), donde continuó como agente comercial, representando a la casa de Centurione que le encomendó en 1478 una compra de azúcar en Madeira. En 1479 lo encontramos en Génova por última vez. Desde Portugal, efectuó varios viajes, incluso a países lejanos como Inglaterra o Islandia en el año 1477. Otros viajes los realizaría a Guinea en buques portugueses. En Portugal contrajo matrimonio con Felipa Moniz, hija de Bartolomé Perestrello, oriundo de Piacenza, capitán donatario y colonizador de la isla de Porto Santo (Madeira). La boda se celebraría hacia 1478 ó 79 (Ballesteros sitúa la fecha en 1476) y en adelante residiría Cristóbal en Porto Santo durante algunas temporadas, y en donde nacería su hijo Diego. Allí, imaginariamente, examinaría Cristóbal los papeles y mapas de su suegro y tendría noticia de la ubicación de supuestas tierras en el Atlántico, hacia el Occidente, de islas imaginarias, de viajes portugueses hacia ellas.

Su idea siempre fue la de pretender llegar a Oriente por el Occidente y para ello solicitó, sin éxito, la ayuda de Juan II de Portugal, que se había convertido entonces en el foco de las más activas navegaciones, en pleno ambiente de descubrimientos y en centro del saber náutico y cosmográfico de su época.

Las bases teóricas o científicas de Cristóbal Colón radicaban en la esfericidad de la tierra, universalmente admitida en el siglo XV; en la unicidad del océano, que bañaba, por tanto, lo mismo las costas occidentales de Europa que las orientales de Asia y en la posibilidad de atravesarlo, como ya lo anunciara Séneca -en contraste con la ruta oriental que buscaban los portugueses- y por fin, en las dimensiones que atribuía al globo, al ecumene o parte sólida y al grado del círculo terrestre.

Para la definitiva elaboración de las ideas colombinas se han aducido bastantes hechos; unos de tipo teórico y otros frutos de la experiencia; entre éstos figuran los documentos del citado Perestrello, informes recogidos en Madeira y en las Azores sobre troncos, cañas, leños tallados, canoas, incluso cadáveres, arrastrados por el mar y que no eran procedentes de Europa; rumores existentes en aquellos archipiélagos de misteriosas islas o tierras imaginadas o creídas entrever en el océano Atlántico, como las fantásticas que insertan los mapas medievales (Antilia, Siete Ciudades, Brasil, San Brandán, Mano de Satanás, Stocafixa [tal vez Terranova, ya que significa bacalao en lenguas germánicas], y un largo etcétera).

Desde los primeros tiempos del Descubrimiento corrió la leyenda del «piloto desconocido» (recogida ya por Oviedo, López de Gómara, Las Casas, Hernando Colón o Castellanos) que habría llegado a tierras occidentales y al regreso -único superviviente- había muerto en casa de Cristóbal Colón (en Porto Santo), a quien habría legado su secreto, o habría hallado a Colón en La Rábida o en Murcia o en el Puerto de Santa María; se llamaría Alonso Sánchez de Huelva (según Garcilaso «el Inca»), o se confundiría con Pedro de Velasco, de Palos, compañero de Teive, o con Pedro Vázquez de la Frontera, con quien confirió realmente Colón en Palos, creyéndose por algunos que los dos últimos son la misma persona. Esta teoría es hoy rechazada por muchos historiadores modernos.

Bien. Fuera lo que fuera y visto que en Portugal no se le prestaba atención a sus proyectos, decidió pasar a España hacia el año 1484 e intentó atraer la atención de los Reyes Católicos, pero, preocupados éstos por la reconquista del territorio español, hubo de desistir y volvió a Portugal. También trató de interesar en su proyecto a Génova, Venecia, Francia e Inglaterra

. Fracasadas estas gestiones encomendadas algunas a su hermano Bartolomé Colón, Cristóbal regresó a España y, al parecer, con la protección de Juan Pérez, prior de La Rábida, consiguió la firma real en las Capitulaciones de Santa Fe, por las cuales recibió los títulos de almirante, virrey y gobernador de las tierras que descubriese y las ya descubiertas (sic).

Su primer viaje lo realizó entre los años 1492 y 1493: salió del puerto de Palos el 3 de agosto, al mando de las carabelas Pinta, Niña y Santa María. Llegó a la isla de Guanahaní el 12 de octubre, a la que llamó San Salvador y que, muy probablemente, hoy sea la isla de Watling. Descubrió Cuba y Haití, que llamó Española, donde fundó el fuerte de Navidad con los restos de su nave Santa María, constituyendo la primera colonia española en el Nuevo Mundo. Regresó a Palos tras una ajetreada travesía que le llevó a Azores y a Lisboa. Fue recibido triunfalmente por los Reyes Católicos en Barcelona. Allí se situó en lo más alto de su fama y, curiosamente, comenzó su declive.

Su Segundo viaje fue realizado entre 1493 y 1496: los Reyes Católicos prepararon la expedición con una cierta urgencia debido a la actitud que estaba adoptando Portugal. A partir de ese momento, la empresa de Indias sería colonizadora y se nombró administrador a Juan Rodríguez de Fonseca, arcediano de Sevilla. Colón, nombrado Capitán General de esta expedición, salió de Cádiz el 25 de septiembre de 1453 dirigiendo una flota que se componía de 17 embarcaciones. Desde la canaria isla de Gomera, se siguió un itinerario más meridional que en su primer viaje. El 3 de noviembre llegaban a las pequeñas Antillas y descubrió la isla Dominica, a la que siguieron las de María Galante, Guadalupe (4 de noviembre), Montserrat (11 de noviembre), Santa María la Redonda, Santa María de la Antigua (13 de noviembre), San Martín, Santa Cruz (14 de noviembre) y las Once Mil Vírgenes. El dieciséis de noviembre descubrieron la isla de San Juan Bautista o Boriquén, actualmente Puerto Rico. El 22 de noviembre llegaron a La Española y el 28 la flota ancló ante las ruinas del fuerte Navidad. Colón encontró arrasada la colonia española. En la costa septentrional de Haití, Colón fundó La Isabela, primera ciudad española en América (enero de 1494), cuyo primer alcalde fue Antonio de Torres. La falta de víveres y el clima hizo enfermar a la mayoría de los expedicionarios y Colón envió a doce navíos en busca de socorro a España. Remitió, también, varios indios y propuso a los Reyes Católicos establecer la esclavitud, limitada por el momento a los indios caribes. Al mismo tiempo, el descontento de los colonos por las condiciones que se habían encontrado allí se expresó en la llamada conjura del contador Bernal de Pisa, pensada para apoderarse de los navíos y regresar a España. Colón apresó al cabecilla de la revuelta y el 12 de marzo emprendió una campaña hacia el interior de la isla, descubrió la vega Real y llegó a Cibao, encontrando oro en abundancia; allí construyó el fuerte de Santo Tomás, donde dejó a Margarit. En la isla La Isabela, el Almirante se encontró con el hambre que sufrían los colonos. El rígido racionamiento que impuso y la obligación de que trabajaran los hidalgos exacerbaron en grado superlativo el descontento y el odio hacia Colón. Una vez sofocados los intentos rebeldes, el Almirante salió con tres naves y cien hombres, el 24 de abril de 1494, para proseguir las exploraciones tratando de encontrar en Cuba la tierra del Catay de Marco Polo, dejando el Gobierno a un consejo presidido por su hermano, encomendando a Margarit la completa sumisión de la isla. El cinco de mayo de 1494 descubrió para los europeos la isla de Jamaica, a la que llamó Santiago. Regresó a Cuba y, desde el cabo de Santa Cruz, en el extremo suroeste, navegó su litoral hasta cerca del extremo occidental, pero ante su gran longitud, se obstinó en creer que era parte del continente asiático y próxima a la India y a China; hasta tal punto lo creyó que el doce de junio de 1494 hizo redactar una declaración en ese sentido que, al parecer, firmaron todos bajo amenazas. A su regreso descubrió la isla de San Juan Evangelista, actualmente Pinos; el 22 de julio se hallaba en Jamaica, cuya costa exploró durante cerca de un mes, y luego reconoció todo el litoral sur de La Española, todavía por explorar. Como quiera que Colón cayó enfermo, tuvo que volver a La Isabela, el 29 de septiembre, poniendo fin a tan fructuoso viaje de descubrimientos. Allí encontró a su hermano Bartolomé, que había llegado en junio al mando de una nueva flota, y también supo que Boil y Margarit, abandonando sus puestos, habían partido hacia España, donde expusieron a los reyes un negro cuadro del gobierno de Colón, tildándole como un tirano.

Tras dejar a Bartolomé de gobernador y de alcalde mayor a Francisco Roldán, partió Cristóbal en la misma flota de Aguado el 10 de marzo de 1496. Tocó en Guadalupe y llegó a Cádiz el 11 de abril, tras mostrar de nuevo una extraordinaria pericia náutica. Ni de lejos encontró Colón una acogida como la recibida tras su primer viaje por la falta de beneficios de las colonias pero, al entrevistarse con los Reyes en Burgos (otoño de 1496), volvió a gozar de nuevo de su favor. Sin embargo, hasta abril de 1497 no se dispuso una nueva expedición, anulándose el permiso otorgado para que otros pudieran explorar contra el monopolio de Colón; entre otras reales disposiciones, se le confirmaron sus privilegios, fueron nombrados sus hijos pajes de la Reina y se le autorizó a fundar el mayorazgo, documento terminado de extender el 22 de febrero de 1498 y conocido únicamente por copias, lo que ha causado polémicas sobre su veracidad y en el que Cristóbal Colón se declara genovés.

Los numerosos sucesos de aquel año y los apuros de la Hacienda retrasaron la organización de la flota, unido a la maledicencia de Fonseca contra Colón. Para la nueva expedición se quiso que sus miembros fueran labradores y se introdujeran cultivos como el de la caña de azúcar. Pero como quiera que el entusiasmo del segundo viaje se había acabado, se dispuso que acompañaran a Colón presos comunes; también se establecía el repartimiento de tierras entre los pobladores. La impresión dominante por aquel entonces era que el descubrimiento había sido un fracaso y no se habían hallado las tierras ricas en metales preciosos o mercaderías de gran valor prometidos; de ahí, tal vez, la obsesión de Colón por encontrar oro a toda costa.

Durante su Tercer viaje, realizado entre 1498 y 1500, salió de Sanlúcar de Barrameda el treinta de mayo de 1498, con seis navíos. Pasó por Madeira y Gomera, y de aquí envió tres buques a La Española; él tomó un rumbo más meridional que en los viajes anteriores, quizás por consejo del cosmógrafo y joyero catalán Jaime Ferrer, consultado por los Reyes, que indicaba mayores riquezas hacia el ecuador y señalaba un método para determinar la línea de demarcación. Colón se dirigió a las islas de Cabo Verde, de las que salió el 4 de julio, pero no pudo seguir muy al sur, como quería, para llegar al oeste por el ecuador ya que la corriente le arrastró hacia el norte, hacia las costas sudamericanas. El 31 de julio de 1498 descubrió la isla de Trinidad, y el 2 de agosto entró en el golfo de Paria por la Boca de la Sierpe, descubriendo el continente sudamericano, pues quedaba a su oeste la costa firme de la actual Venezuela; observó la fuerza de la corriente del Orinoco en su desembocadura y exploró el golfo por su parte occidental, llamando isla de Gracia a la península de Paria. El 5 de agosto de 1498 se verificó el primer desembarco en tierra sudamericana (en ninguna parte hemos encontrado constancia de que Colón desembarcara). A partir del 13 de agosto, Colón costeó la actual Venezuela hasta la península de Araya, antes de Cumaná; vio la isla Margarita (15 de agosto) y, con mucha prisa por llegar a La Española, no continuó con sus descubrimientos aunque sí había comprobado que aquellas aguas eran muy abundantes en perlas.

Le gustó tanto aquellas tierras que creyó muy próximo de allí el Paraíso terrenal e imaginó la teoría de que la Tierra no era plenamente esférica, sino que tenía forma de pera. El descubrimiento de la desembocadura del Amazonas le convenció de que estaba en tierra firme, es decir, ante un continente, «otro mundo», «tierra infinita» que decía en su carta a los Reyes; pero todavía seguía pensando que formaba parte de Asia. Así pues, su descubrimiento de América del Sur es anterior al viaje de Hojeda y Vespuccio y posterior en un año al de América del Norte por Sebastián Caboto.

El ambiente contra el Almirante se iba tornando cada vez más hostil también en España, atizado por Roldán en su correspondencia con el cardenal Cisneros y por todos los que regresaban de allá, acusando al Almirante y a sus hermanos de ineptos, tiranos, mal vistos por extranjeros e, incluso, de traidores, ya que negociaban con otros países para entregarles las Indias. Y es que las esperanzas surgidas del descubrimiento se habían desvanecido pues las prometidas riquezas de Catay no aparecían por lugar alguno mientras que la empresa solicitaba cuantiosos gastos reales. Por si faltaba poco a la ineptitud de Colón para ejercer de gobernador, se unió el hecho de que, por fin, Vasco de Gama llegara a las Indias por la ruta oriental demostrando que Colón no estaba allí.

Ante lo que ocurría en La Española, los Reyes nombraron juez pesquisidor y gobernador al comendador Bobadilla, destituyendo a Cristóbal Colón y enviándolo preso a España en compañía de sus hermanos. El dolor de Colón ante el trato sufrido se plasmó en una famosa carta a Juana de Torres, antigua ama del príncipe Juan. Cristóbal llegó a Cádiz hacia el 20 de noviembre de 1500 y cuando los reyes supieron las condiciones denigrantes en que había vuelto, lo pusieron en libertad y le llamaron a Granada, donde le recibieron afectuosamente y le devolvieron su hacienda prometiéndole nuevas empresas, aunque no lo reintegraron en sus cargos ni autoridad. Su monopolio de explorador ya estaba agotado de facto desde hacía tiempo y continuamente partían expediciones hacia el Nuevo Mundo en las que Cristóbal no tenía ninguna participación.

Cristóbal iniciaría un Cuarto viaje, entre los años 1502 y 1504: salió de Sevilla el 13 de abril de 1502, con dos carabelas y dos navíos, con 140 ó 150 hombres (de ellos un 10% de italianos); le acompañaban su hermano Bartolomé y su joven hijo Hernando. Su objetivo era hallar un estrecho que le condujera a la India, al oeste de las Antillas, pues ya se veía que éstas no lo eran, aunque suponía que no andaba lejos y que se interponían las tierras por él descubiertas. Los descubrimientos recientes de Hojeda, Bastidas, Pinzón, Lepe, Álvarez Cabral y Vespuccio habían prolongado considerablemente la conocida como Tierra Firme, pero quedaba desconocido el litoral desde Nombre de Dios (istmo de Panamá) en adelante; o desde Cuba, que Colón seguía creyendo parte del continente asiático. Pasó por las Canarias, Martinica (15 de junio) y Dominica y se dirigió a Santo Domingo, pretextando el arreglo de un navío averiado y resguardarse de una inminente tempestad. Pero como quiera que los Reyes le habían prohibido tocar en esta isla para evitar conflictos, el gobernador, Nicolás de Ovando, otro enemigo suyo, no le permitió la entrada. Colón capeó el temporal como pudo (una espantosa tormenta que hundió 24 de los 28 buques de la escuadra que salió de Santo Domingo hacia España y en los que se ahogó Bobadilla, Torres y muchos de los antiguos rebeldes contra Colón).

De las costas de La Española, Colón pasó a Jamaica, a los Jardines de la reina (islas del sur de Cuba), y descubrió la isla de Guanaja (costa de Honduras, 30 de julio); halló una barca con mercaderes mayas que le ofrecieron cacao y, desechando la ocasión de descubrir el Yucatán y México, tomó rumbo al este, hacia el que creía áureo país de Veragua, del que le hablaban continuamente, costeando la América Central -Honduras, Nicaragua y Costa Rica, de la que es su descubridor. El 14 de septiembre vio el cabo de Gracias a Dios; en octubre llegó a Veragua (istmo de Panamá), que supuso abundante en oro y cercano a la India; pasó por Portobelo y puerto de Retrete (26 de noviembre), límite del periplo. Retrocedió a Veragua, asaltado por las tormentas, y entró el 6 de enero de 1503 en el río de Belén, donde se propuso fundar una colonia, que llevó a cabo Bartolomé con 80 hombres. Tras muchos enfrentamientos con los nativos, Colón continuó hacia el Darién, y de ahí trató de encaminarse a Cuba aunque las tormentas le desviaron hacia Jamaica (24 de junio).

Para pedir socorro a La Española, el escribano mayor Diego Méndez de Segura, leal amigo de Colón, realizó la hazaña de pasar de Jamaica a La Española en una canoa, con el genovés Bartolomé Fiesco y unos indios; pero hasta un año después no pudo fletar y enviar un navío de socorro a Colón. Mientras tanto, Nicolás de Ovando no quiso socorrer a Colón. Finalmente, y tras múltiples peripecias, Cristóbal consiguió salir de Jamaica el 28 de junio de 1504. El 7 de noviembre arribaba Colón a Sanlúcar, habiendo concluido el más desgraciado y fracasado de sus viajes, sin haber hallado el anhelado estrecho, y cuyo único resultado positivo fue el descubrimiento de Centro América, habiendo estado muy cerca de verificar el de México, gloria reservada a Hernán Cortés.

Además de descubridor, Cristóbal Colón fue el iniciador de la historiografía americana con las Cartas que dirigió a los Reyes Católicos y el Diario de sus viajes, donde además de noticias daba sus impresiones sobre los habitantes y tierras descubiertas. Al parecer, Colón murió en 1506 en Valladolid, persiguiendo al rey Fernando, sin saber que había descubierto un nuevo continente ya que él siempre creyó haber llegado a los míticos Catay (China) y Cipango (Japón) descritos por Marco Polo en su maravilloso recorrido del siglo XIII, libro del que Cristóbal se mostraba un ferviente admirador.

Juan Rodríguez de Fonseca:

 

         Juan Rodríguez de Fonseca (1451-1524), eclesiástico y político español, colaborador de los Reyes Católicos y primer organizador de la política colonial castellana en las Indias.

 

         Nacido en Toro (Zamora), pertenecía a una de las familias más ilustres de Castilla, si bien el tronco de su linaje procedía de Portugal. Parece que estudió en Salamanca y tuvo contactos con el gramático Elio Antonio de Nebrija. Se declaró, junto con su familia, partidario de la princesa Isabel (la futura reina castellana Isabel I la Católica) frente a los seguidores de Juana la Beltraneja. Después de 1480, Rodríguez de Fonseca fue encomendado por la reina Isabel I a uno de los hombres más influyentes y preparados de la corte: su confesor fray Hernando de Talavera, de quien recibió formación eclesiástica y política.

 

         A partir de 1492, su carrera eclesiástica de cargos y honores fue imparable: capellán real; arcediano; canónigo y deán de la catedral de Sevilla; obispo de Badajoz (1494); de Córdoba (1499) y de Palencia (1505); arzobispo de Rossano (1511), en el reino de Nápoles; y obispo de Burgos (1514). Estos ascensos reflejan bien a las claras sus grandes dotes personales y la confianza que habían depositado en él los monarcas.

 

         Temporalmente, ejerció la diplomacia.. Trató las bodas de los hijos de los Reyes Católicos, don Juan y doña Juana, con los herederos de la Casa de Austria, Margarita y Felipe, así como acompañar a la infanta Catalina de Aragón en su viaje matrimonial a Inglaterra.

 

 

         Humanista y mecenas, fue generoso con sus iglesias catedrales. Cuando ocupó la sede episcopal burgalesa, se levantó en la catedral de Burgos la joya plateresca de la puerta de la Pellejería y la lujosa y muy famosa escalera Dorada.

 

         A partir de la primavera de 1493, en que se conoció y celebró el descubrimiento de América, empezó para Rodríguez de Fonseca la etapa más importante de su vida y por la que es más conocido: la relacionada con el Nuevo Mundo. Con fama de eficaz y laborioso, Fonseca fue encargado de organizar el segundo viaje colombino, que puso a punto en tan sólo cuatro meses.

 

          El 25 de septiembre de 1493, el almirante Cristóbal Colón zarpaba de Cádiz al frente de una armada de 17 navíos y unos 1.200 tripulantes. Al mismo tiempo, entre Colón y Fonseca, dos personajes muy distintos y con ideas contrapuestas sobre el Nuevo Mundo, comenzaban las primeras diferencias que con el paso del tiempo no hicieron sino crecer. En la raíz de esta rivalidad estaba la forma de organizar las nuevas tierras: mientras que para Colón todo tenía que pasar por sus manos, en una especie de monopolio compartido entre él y la monarquía, Fonseca defendía el protagonismo único y directo de los reyes y del Estado.

 

         Entre 1496 y 1497, la rivalidad entre estos dos personajes se tornó en enfrentamiento abierto. Colón estuvo a punto de lograr que los Reyes Católicos destituyeran a Fonseca al frente de las armadas de Indias. No lo logró, porque su sustituto, Antonio de Torres, exigió demasiado, pero desató abiertamente la hostilidad frente al apellido Colón, hostilidad ésta que hizo que comenzara el declive de Colón.

 

         Una muestra de esta situación fue la tensa y larga preparación del tercer viaje colombino (más de un año). Después de 1500, con la caída del virrey y su fracaso colonizador, Fonseca y sus hombres de confianza, apoyados por los Reyes, especialmente por Fernando II el Católico, influyeron decisivamente en hechos como la libertad de navegar bajo exclusivo control monárquico y sin intervención colombina (1499), la creación de la Casa de Contratación (1503), las juntas de navegantes de Toro (1505) y de Burgos (1508), la creación de gobernaciones al margen de los Colón (Darién y Castilla del Oro), o el debilitamiento de los privilegios colombinos. Presidió la secretaría de Indias y, en 1523, el organismo que habría de convertirse al año siguiente en el Consejo de Indias. Murió en Burgos en 1524.

 

Peralonso Niño:

 

         Pedro Alonso Niño, de Moguer, que había acompañado a Colón en el primer viaje descubridor, como piloto de la Niña, es el primer marino que aparece con título de piloto mayor en la armada que preparó para las Indias Juanoto Berardi en 1496. El mismo año, con igual cargo, parte de Cádiz con tres carabelas «cargadas de bastimentos para las nuevas tierras»

 

         El navegante moguereño planteó hacer un viaje a América. Para ello buscó el concurso económico y financiero del «Bizcochero» de Triana, Cristóbal Guerra, que también iría en la expedición. En la parte náutica se auxilió de sus hermanos y de gente de la tierra. En especial, de Alonso García y Juan Barrero, que habían estado en Paria y que, por tanto, conocían la ruta a seguir y estaban, en parte, familiarizados con la tierra que pensaban explorar.

 

         Nuevamente la pluma de Las Casas nos sirve para informarnos. En esta ocasión, así nos comenta: «Uno de los primeros que a par cuasi de Hojeda vinieron a descubrir, fueron un Peralonso Niño y un Cristóbal Guerra, vecinos, el Guerra, de Sevilla, y el Peralonso creo que era del Condado. Este Peralonso Niño vino cierto con el Almirante al descubrimiento de Paria, y debióse de tornar a Castilla en los cinco navíos, y esto está probado con testigos contestes, y yo he visto sus dichos en el susodicho proceso, y uno que dijo que no había ido en aquel viaje a Peralonso Niño con el Almirante, yo sé que contra el Almirante, por derecho del juicio, podía ser repelido, así que Peralonso Niño habida licencia del rey o del obispo para descubrir, con instrucción y mandado que no surgiese con su navío ni saltase en tierra con 50 leguas de la tierra que había descubierto el Almirante. Como no tuviese tantos dineros como habría menester o quizá ningunos, tractó con Luis Guerra, vecino de Sevilla, que tenía hacienda, que le armase un navío; el Luis Guerra se ofreció a hacello y, entre otras condiciones, fue un tanto que su hermano Cristóbal Guerra fuese por capitán de él. Partió, pues, Peralonso Niño por piloto y Cristóbal Guerra por capitán».

 

         En efecto, en junio de 1499, con una carabela de 50 toneladas y 33 hombres, salió Peralonso de la barra de Saltes, con el concurso de los citados. Guiados por la ruta colombina, llegaron a 200 ó 300 leguas al sur de Paria, tomando rumbo norte tocan en Paria. De allí van a Margarita y recogen gran cantidad de perlas. Pasan después a las tierras de Cumaná, donde, nuevamente, hacen acopio de perlas: «los indios quedaron muy contentos, pensando que iban engañados los cristianos, que adquirieron entonces en sus rescates más de 150 marcos de perlas». Después de visitar las salinas de Punta Araya, en 1500, emprenden el regreso a España.

 

         A su regreso, llegan a Bayona, en Galicia. Allí vendieron 96 marcos de plata y, según parece, la misma cantidad guardaron los navegantes, sin declararla al fisco. Por eso se le abrió un proceso a Pero Alonso Niño, que aparecía como supuesto defraudador del quinto real. Sin embargo, fue absuelto, y en libertad marchó a Sevilla y de ahí a Moguer.

 

         Gonzalo Fernández de Oviedo narra estos incidentes: «En el tercer viaje el Almirante tocó en Cubagua y Margarita, y vio la gran cantidad de perlas... pues como en los marineros hay poco secreto, cuando después algunos de los que allí se acertaron volvieron a España, publicaron lo que es dicho en la villa de Palos, de donde a la sazón eran los más de los marineros que andaban en estas partes. E súpose asimismo en Moguer, e salieron de allí ciertos armadores, vecinos de aquella villa que lo alcanzaron a saber, llamados los Niño, entre los cuales eran un Per Alonso Niño, y con una nao, tomando consigo para esto algunos de los que se hallaren con el Almirante, cuando había descubierto aquella isla de las Perlas, fuéronse a ellas y rescataron muchas, e tornáronse ricos a España (si pudieran salir con su salto). Verdad es que este Per Alonso tuvo licencia para venir a estas partes a descubrir, pero diósele en condición de que no se allegase a lo que el Almirante hubiese descubierto con 50 leguas, lo cual no guardó, antes se fue derechamente a lo que estaba ya sabido e hizo su rescate. E cuando dio la vuelta para Europa, aportó en Galicia, donde estaba por visorrey Hernando de Vega, señor de Grajal, y entre los que iban con el Per Alfonso tuvieron algunas diferencias con él y decían que no habían partido bien con ellos el rescate de perlas, ni al rey había dado el quinto suyo, como se lo había de dar. De forma que llegó a noticia del visorrey y mandóle prender y tomó él y sus consortes las perlas y el navío como a personas que no habían guardado las formas de la licencia y envióle preso a la corte a Per Alonso y algunos de los otros, donde su mucho trabajo hubieron su deliberación. Aquel Per Alonso Niño y sus compañeros llevaron hasta 50 marcos de perlas que rescataron a trueco de alfileres y cascabeles y cosas semejantes de poco valor, y muchas de aquellas perlas eran muy buenas y orientales y redondas, aunque pequeñas, porque ninguna, según yo oí decir al mismo comendador mayor, había que llegase a 5 quilates»

 

         Las importantes ganancias económicas de esta exploración provocaron una serie de viajes furtivos, de lo cual resultaba un enorme fraude al erario. En previsión de ello, se dictó una real cédula en la que se recordaba e imponía la necesidad de obtener licencia real para descubrir en islas y tierra firme del mar océano, «so pena de perder el navío o navíos o mercadflrías, mantenimientos e armas e pertrechos e otras cualesquier cosas que llevasen»

 

Alonso Sánchez de Carvajal:

          Cuando partió de La Española para explorar Cuba (abril de 1494), dejó el Almirante a su hermano  Diego al frente de un Consejo de gobierno con el padre Boil, el alguacil mayor de la flota Pero Hernández Coronel, su fiel amigo Alonso Sánchez de Carvajal y Juan de Luján.

 

Juan de Luján:

          Habiendo el Almirante resuelto ir a descubrir tierra firme, instituyó un Consejo que quedaría en su lugar para gobierno de la isla, las personales del cual fueron: don Diego Colón, su hermano, con título de Presidente; el padre fray Boil y Pedro Hernández Coronel, Regentes; Alonso Sánchez de Carvajal, Regidor de Baeza, y Juan de Luján, caballero de Madrid, criado del Rey Católico.

 

 Bartolomé de las Casas:

 Hijo de Pedro de las Casas y de Isabel de Sosa. (Sevilla, 1474-Madrid, 1566).Estudió en la escuela catedralicia sevillana y en 1502 partió a las Indias con su padre, en la expedición de Ovando, siendo designado doctrinero, pues ya era considerado clérigo por sus estudios. Participó en algunas campañas en la isla Española e hizo un viaje a Roma (1506-1507). A su regreso a La Española, el virrey Diego Colón le concedió un repartimiento de indios y se ordenó de presbítero (quizá a fines de 1512). Las Casas ya presenciaba los excesos de la colonización española de aquellos primeros años en América, el mal trato y la extinción gradual del indígena, concibiendo la idea de que se sustituyera la agotadora explotación minera por la agricultura, colaborando labradores españoles y dejando vivir al indio en pueblos libres, tutelados por los misioneros. En 1513, participó como capellán, en la conquista de Cuba por Diego de Velázquez y no pudo evitar la bárbara matanza de indígenas llevadas a cabo por Narváez en Caonao; Velázquez le otorgó una buena encomienda con un tal Pedro de Rentería, que le hizo prosperar económicamente.

En 1514, tras la visita de tres dominicos a la isla de La Española, Bartolomé tuvo dudas sobre la legitimidad de los beneficios que obtenía de sus indios encomendados; ya en 1511 había pronunciado fray Antonio Montesinos su famoso sermón en que condenó la encomienda y la esclavitud del indio, cuyo contenido ha transmitido precisamente las Casas, que los oyó, y se habían ya promulgado las Leyes de Burgos de 1512, que intentaron, en vano, resolver el problema. Las Casas, pues, sufrió una conmoción espiritual que le llevó a considerar lo que había de inicuo en la forma de la colonización. Renunció a su encomienda, anunciándolo públicamente en un sermón ante Diego de Velázquez en Sancti Spiritus, el día de la Asunción de 1514.

En 1515, partió las Casas a Santo Domingo, donde se entrevistaría con Pedro de Córdoba, quien le alentó en sus propósitos y que había ido a España a denunciar, ante el rey Fernando, los abusos que se cometían. La idea, que siempre desarrollaría Bartolomé, era que España y las Indias formaban una unidad inseparable, en el sentido de que aquella era el instrumento de la providencia para llevar a la otra la luz del Evangelio y éste era su deber y la razón de la colonización, había visto ya que el problema no consistía en defender al indio de Cuba o de otro lugar concreto, sino de elevar la cuestión a un plano general y de defender a toda la raza indígena. Combatiría, pues, la guerra de conquista, la esclavización y la encomienda y por la plena libertad del indio y la conservación de la autoridad de sus caciques; para él, todo lo que se hacía en Indias era injusto y tiránico y nada se había hecho que no lo fuera; no iba a admitir restricciones en su criterio ni a adaptarse a las realidades.

A fines de 1515 se entrevistó con Fernando el Católico en Plasencia, quien le remitió a que tratara sus quejas con Rodríguez de Fonseca y Lope Conchillos, encargados de los asuntos indianos, pero que tenían intereses de repartimientos con el grupo explotador de la isla La Española. La muerte del monarca hizo que las Casas encontrara en el regente cardenal Cisneros un interlocutor dispuesto a oírle, presentando a éste y, posteriormente, al gobernador Adriano de Utrecht (más tarde Papa), dos Memoriales de Agravios y Remedios, y luego otro de denuncias. Ante sus denuncias, fueron eliminados Fonseca y Conchillos, adoptándose el plan de las Casas de comunidades indias bajo la administración de españoles; aunque este plan tenía el inconveniente de que se impuso la conservación de las encomiendas ya que Cisneros creía necesaria la tutela de los indígenas para su conversión y civilización.

Viciado de raíz su proyecto, las Casas comprobó el fracaso y regresó a España en 1517, mientras Cisneros le destituía de su cargo, al parecer por los informes negativos que sobre él habían elaborado los monjes jerónimos encargados de llevar adelante su plan. Tras múltiples entrevistas con los nuevos gobernantes flamencos que rodeaban al nuevo monarca Carlos I, las Casas conseguiría del soberano permiso para una colonización en Tierra Firme, visto que en las Antillas ya no había remedio, con labradores castellanos que convivieran con los indios. Propuso, también, la importación de negros, idea llevada a cabo inmediatamente y de la que las Casas se arrepentiría después, confesando que no caía entonces en cuenta en la injusticia con que los portugueses los cautivaban. Elegido Carlos emperador, las últimas gestiones de las Casas para la colonización de Cumaná, en Tierra Firme, se realizaron apresuradamente en La Coruña, donde se declaró la libertad personal del indio y se decidió la creación del Consejo de Indias.

La rebelión de los nativos venezolanos de Cumaná, en la que destruyeron las dos misiones que había y asesinaron a los misioneros, hizo tambalearse el proyecto idealista de Bartolomé ya que para evitar el contagio revolucionario, la Audiencia envió a Gonzalo de Ocampo, quién sometió a los nativos a una dura represión a pesar de las protestas del sacerdote sevillano. Las Casas comenzó a encontrarse muy solo ya que los indígenas le habían abandonado en sus proyectos y los expedicionarios castellanos que había traído de la península (1520), en su mayor parte comuneros derrotados, prefirieron, a su llegada, alistarse en la expedición de Ponce de León hacia la Florida. El fracaso de las Casas consolidó la idea de que a los indios solamente se les podía tratar con la conquista y la esclavitud.

Una profunda crisis espiritual invadió al sacerdote sevillano y le hizo ingresar en la orden dominica en la misma isla de Santo Domingo, profesando ya en diciembre de 1523. En adelante se dedicaría al estudio de la teología y el derecho para proseguir más adelante con su campaña en defensa del indígena con más base doctrinal. Tras haber protestado ante el presidente de la Audiencia contra nuevas capturas de esclavos, las Casas fue trasladado al norte de la isla, donde fundó Puerto Plata, otro convento donde comenzó a escribir su Historia de las Indias y la parte, luego separada, titulada Apologética Historia. También debió comenzar allí (aunque Hanke lo sitúa en Guatemala, en 1536) De unico vocationie modo omnium gentium ad veram religionem (del que tan sólo queda un fragmento publicado en 1942), en que preconiza la persuasión y la caridad como únicos procedimientos de conversión, condenando la guerra y la violencia.

Para reformar a los dominicos fue nombrado visitador, primero de los de Puerto Rico y luego fue a México con el presidente de la Audiencia (1531), pero fue mal recibido y no pudo realizar su misión, regresando a Puerto Plata. Otro de sus partidarios, fray Bernardino de Minaya, marchó al Perú, pero no logró que Francisco Pizarro renunciase a la conquista violenta. Por predicar la devolución por los penitentes de lo arrebatado a los indígenas, Bartolomé fue detenido y trasladado a Santo Domingo (1533).

En 1535 y 1536, continuó su cruzada en Nicaragua y Guatemala, protestando contra la conquista del Perú y los desmanes que se cometían contra los indios nicaragüenses. Junto a su inseparable amigo fray Rodrigo de Ladrada, continuó su lucha en pro de los derechos indígenas. Tras una estancia en México (1538), partiría para España (1540), para reclutar misioneros, donde conseguiría una serie de Reales Cédulas del Consejo de Indias.

En 1542, se promulgaron las Leyes Nuevas, fruto de la oposición de las Casas a la encomienda. Carlos V reunió ese año en Valladolid una Junta que condenaba las encomiendas, ordenando el emperador, asimismo, una depuración en el Consejo de Indias y en la Casa de Contratación. Carlos firmó en Barcelona, el 20 de noviembre de ese mismo año, las referidas leyes que prohibían toda esclavitud bajo ningún pretexto, la libertad de todos los indios esclavos en forma ilegal, prohibición de llevarles a las pesquerías de perlas; se suprimirían las encomiendas de autoridades y de entidades religiosas, de rebeldes del Perú o de amos crueles y se rebajaban los repartimientos excesivos y, por último, no se concederían más en lo sucesivo, amortizándose las existentes. Se ha creído que las Leyes Nuevas eran el triunfo de las ideas de las Casas, desde Remesal hasta Ots y Hanke; pero sólo en parte, pues representan un criterio conservador, frente al extremismo lascasiano; como señala Jiménez Fernández, se refleja su influencia en la supresión de las encomiendas -al fin no llevada a cabo- la humanización de las conquistas, que en adelante se llaman descubrimientos y población; la abolición de la esclavitud ilegítima, la tutela del buen trato a los indios también en el olvido del requerimiento. Por ser Bartolomé el más ardoroso defensor de los indígenas, ya entonces se supuso que ejerció un profundo influjo en su redacción; pero no se adoptó su rigorismo extremado. A fines de diciembre de 1542, terminó en Valencia su obra más famosa, la Brevísima relación de la destrucción de las Indias cuya primera redacción había leído ante el Consejo de Indias.

Al padre las Casas se le ofreció el obispado de Cuzco, que rehusó, y luego el de Chiapas, próximo a su empresa de la Vera Paz, que aceptó. Llegó allí, tras una penosa travesía en forma de incidentes y de sucesos políticos (las Leyes Nuevas habían sido suprimidas en México por el virrey Tello de Sandoval), inmediatamente se enfrentó con sus feligreses al negarles los sacramentos a quienes poseyeran esclavos o no devolvieran lo obtenido con las encomiendas, y al suspender las licencias, a casi todos los confesores. Su Confesionario o Avisos y reglas para los confesores... (impreso en Sevilla durante 1552) era extremadamente rigorista. De este modo, Bartolomé fue objeto de la hostilidad general, incluida la de los monjes mercedarios. Hasta el obispo Marroquín, antaño aliado suyo, se le volvió en contra. En Chiapas arreciaba la hostilidad frente al prelado sevillano al intentar éste una nueva tasación de tributos. Reclamado por Tello de Sandoval -que le había censurado repetidamente su conducta- para que asistiera a una reunión de prelados de Nueva España sobre los indios, partió para México en 1546 cuando incluso los dominicos -siempre partidarios de las Casas- se habían adherido a la petición de suspensión, arguyendo que con la encomienda existiría un núcleo de españoles poderosos, que harían progresar la estructura colonial, que decaería si se confiaban los indios sólo a una administración oficial, ineficaz y corrompida. En aquella Junta se aceptaron varios principios propuestos por las Casas, pero ni el virrey Mendoza ni los obispos quisieron ponerlos en práctica por rigurosos.

Visto lo visto, Bartolomé decidió regresar a España, a donde llegó a comienzos de 1547 para no regresar ya más a América. Al volver, redactó para el Consejo un memorial Sobre los indios que se han hecho esclavos (1547), en que, de nuevo, condenaba radicalmente la esclavitud de los nativos. En España, el sevillano se enfrentó en una célebre polémica con Ginés de Sepúlveda, a quien el Consejo de Indias había impedido hasta entonces la publicación de su Democrates alter sive de justi belli causis apud Indos, en que defendía la licitud de las guerras de conquistas a los indios por su inferior estado de civilización. En 1550, renunció al obispado de Chiapas.

Durante los últimos años de su vida, las Casas recibió una pensión anual de 200.000 maravedíes y se dedicó al reclutamiento de misioneros, para lo cual marchó a Sevilla, donde imprimió en 1552 siete opúsculos suyos, entre ellos la famosa Destrucción..., las Treinta Proposiciones, la Disputa con Sepúlveda, el octavo de los Remedios y los Avisos a los confesores. Poco después publicó un Tratado comprobatorio del Imperio soberano de los Reyes de Castilla... sobre las Indias. En 1564 fijó definitivamente su residencia en Madrid, y últimamente en el convento de Atocha, donde fallecería en la segunda decena de julio de 1566, a los noventa y dos años. En estos últimos años de su vida siguió luchando contra la esclavitud de los indígenas y escribió De Thesauris, contra el saqueo de tumbas indias, y Doce dudas, sobre la conquista del Perú, ambas publicadas en 1565. En su testamento legaba el manuscrito de su Historia al colegio de San Gregorio de Valladolid, con la orden de que no se publicara hasta pasados cuarenta años de su muerte, cosa que no consiguió. Su otra obra más famosa, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, dirigida al heredero Felipe, tuvo una enorme resonancia en el extranjero, donde adobada con los grabados de Teodoro de Bry y traducida a muchas lenguas, sirvió para enjuiciar muy negativamente la acción española y para la difusión de la Leyenda negra, reproduciéndose por los pueblos hostiles a España, desde Holanda en el siglo XVI hasta los Estados Unidos en 1898.

 

Antonio de Torres:

 

         Hijo de Diego de Torres, camarero del rey Juan II de Aragón y Batlle General de Valencia.

          Hermano de Juana de la Torre, ama del príncipe Juan, primogénito de los Reyes Católicos. Fue hermano de Pedro Torres, “contino” de la Casa real.

          En el segundo viaje “ nombraron los reyes, por Capitán General de la Flota y de las Indias al Almirante, por Nueva Cédula Real, y para volver con ella y después  para tornar con otras, a Antonio de Torres, hermano del ama del príncipe Juan, persona, notable, prudente y hábil para tal cargo.”

          Torres es el portador de la carta de Colón a los reyes donde indica “Primeramente, dadas las cartas de creencia que llevais de mi para sus Altezas, besareis por mi sus reales pies y manos, é me encomendareís en sus Altezas como Rey y Reina, mis señores naturales, en cuyo servicio yo deseo fenecer mis días.

          La expresión “ Mi señores naturales” indica que Colón había nacido claramente en algunos de los reinos de los Reyes Católicos.

         Antonio de Torres murió en 1503, en un huracán  que destrozó las naves conquistadoras.

 

Diego de Nicuesa:

 

         Diego de Nicuesa (fallecido en 1511), conquistador y explorador español. Nacido en Baeza (Jaén) hacia 1477, en el último tercio del siglo XV, pertenecía a una rica familia de hidalgos. El rey Fernando II el Católico le otorgó, en 1507, los territorios conocidos entonces como Tierra Firme o Darién. El 9 de junio de 1508, tras llegar a un acuerdo con el descubridor Alonso de Ojeda, firmó junto a éste, y con el Rey, una capitulación según la cual Nicuesa recibía los derechos descubridores sobre Veragua (desde el golfo de Urabá hasta las costas de Panamá), así como el cargo de gobernador, y Ojeda obtenía lo mismo sobre Urabá.

 

          Después de reunir su propia flota, llegaron a la isla de La Española, de la que Nicuesa zarpó el 20 de noviembre de 1509, ocho días después de que lo hubiera hecho Ojeda, rumbo a su gobernaduría en Tierra Firme Desembarcó en el lugar en el cual se habría de fundar 24 años más tarde la ciudad de Cartagena, donde ayudó a Ojeda, acosado por los indios de la zona. Se dirigió hacia Panamá, primero en sus embarcaciones, y, más adelante, con la tripulación de una de ellas, a pie.

 

          Tuvo problemas con Ojeda debido a las limitaciones de sus respectivas gobernaciones . Tras un naufragio, consiguió llegar al istmo de Panamá, donde fundó la ciudad de Nombre de Dios (1510). Desde allí, se dirigió a la ciudad de Santa María la Antigua del Darién, recién fundada en su jurisdicción por Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa. Desposeído del mando por éste, Nicuesa fue enviado rumbo a La Española el 1 de marzo de 1511. Se supone que murió en el trayecto o al desembarcar en la isla.

 Vicente Yáñez Pinzón:

Nacido en Palos en fecha por determinar y fallecido en 1515 en lugar por definir, este marino español que, acompañado de su hermano Martín Alonso, acompañara a Cristóbal Colón en el descubrimiento de América, provenía de una rica y experta familia de marinos. Participó junto a sus hermanos Martín Alonso y Francisco Martín Pinzón en el primer viaje colombino, capitaneando la carabela «La Niña»; Podemos decir que sin su decidida ayuda el primer viaje de Colón hubiera sido de una realización bastante problemática. Al final, las tripulaciones se apuntaron por la confianza que les daba el que estos hermanos, de tanto prestigio marinero, se apuntaran al viaje de Colón. Al perderse la «Santa María», la «Niña» se convirtió en la capitana y Vicente llega a España junto al Almirante mientras su hermano Martín se separaba de nuevo y llegaba a Galicia. Como quiera que Martín murió nada más llegar a España y Francisco carece de importancia, Vicente llegó a ser uno de los más hábiles e inteligentes marinos españoles de la época, ocupando un lugar muy importante en la historia de los descubrimientos. Realizó otros dos viajes al continente entre 1499-1500 y 1508-1509 y anulado el monopolio exploratorio de Colón fue Vicente uno de los primeros que realizaron viajes conocidos de descubrimiento -los llamados impropiamente viajes menores- a la par de Hojeda, Niño y Guerra, y Lepe.

Ayudado por su sobrino Arias Pérez Pinzón, hijo de Martín, junto a otros familiares y amigos, armó cuatro carabelas, con las que partió de Palos a comienzos de diciembre de 1499.  Desde Cabo Verde hicieron rumbo al SO.; el 20 ó 26 de enero de 1500 descubrieron tierra a 8º S., en las cercanías del cabo de San Agustín, punta extrema del Brasil hacia el E., al que llamaron de Santa María de la Consolación, tomando Pinzón posesión de este país. Costearon hacia el NO. y descubrió un inmenso río, el Marañón, más tarde llamado Amazonas aunque otros autores (Pompeu Sobrino) opinan que no podía ser más que el Orinoco. Corrió otras 300 leguas de litoral, a lo largo de las actuales Guayanas, hasta Paria, descubierta por Colón en su tercer viaje. Llegó a La Española el 23 de junio de 1500 y Pinzón aseguró haber descubierto 600 leguas de costa (unos 3.600 kms.), comprobando la existencia de un gran continente. Pasó luego a las Lucayas, donde perdió dos carabelas, y con un cargamento de esclavos, palo de tinte, supuestas especias y animales todavía desconocidos, arribó a España el 30 de septiembre. Pinzón, con toda seguridad, había descubierto tierra brasileña meses antes de que lo hiciera el portugués Alvares Cabral, en abril de 1500.

Los resultados económicos de esta expedición fueron más bien escasos debido a las pérdidas y fallecimientos sufridos, y en 1501 los reyes otorgaron a Pinzón el gobierno de la costa desde el cabo de la Consolación hasta el río de la Mar Dulce, que correspondía al hemisferio portugués.

En 1507 se celebró en Burgos una junta de las cuatro estrellas de la marina española de la época, Pinzón, Díaz de Solís, Américo Vespuccio y Juan de la Cosa, por orden del rey Fernando, acordándose reconocer la costa al oeste de las Antillas en busca de un estrecho hacia la Especiería -todavía no se había descubierto el océano Pacífico pero se presentía- y que Hojeda y Nicuesa colonizaran ambos lados del Darién. Por tal acuerdo y consiguiente capitulación de 23 de marzo de 1508, zarparon Pinzón y Solís, en junio de 1508. , con el piloto Pedro de Ledesma, veterano del cuarto viaje colombino. Ambos eran jefes; Solís en el mar y Pinzón en tierra.

Arribaron a las islas Guanajas tras recorrer la costa de Honduras, y prolongaron los descubrimientos de Colón hacia el oeste, hallando la bahía de la Natividad (golfo de Amatique) y el Golfo Dulce, y la costa oriental del Yucatán, como indica el mapa de la edición de Pedro Mártir de 1511; regresaron a España en agosto de 1509, y por las disensiones surgidas entre ambos jefes durante el viaje, Solís fue encarcelado brevemente. A pesar de ser Pinzón y Solís los descubridores de la península de Yucatán, su hallazgo se olvidó totalmente y pareció nuevo el descubrimiento hecho por Hernández de Córdoba en 1517. Después de 1510 no queda memoria de Vicente Yáñez y permanecen en la sombra sus últimos años. Se supone que pereció en una expedición.

 

Alonso de Ojeda u Hojeda (EL caballero de la Virgen):

        Formando parte del segundo viaje de Colón encontramos a Alonso de Ojeda. El almirante le confiará la búsqueda de la rica comarca aurífera de Cibao en cuya expedición tuvo que socorrer al alcaide de la fortaleza de Santo Tomás del asedio de los indígenas, liderados por el cacique Caonabó, siendo éste apresado.

         La recompensa de los Reyes Católicos a Ojeda será la concesión de seis leguas de terreno en Maguana. Al poco tiempo partió para España donde consiguió, gracias a su estrecha relación con el obispo Fonseca, el permiso para realizar una expedición a la recién descubierta Paria, rompiendo de esta manera el monopolio que Colón tenía para organizar viajes al Nuevo Mundo, según las Capitulaciones de Santa Fe.

         En mayo de 1499 parte de Cádiz y arriba a la desembocadura del Orinoco, reconociendo la costa comprendida entre isla Margarita y el cabo de la Vela. En septiembre de ese mismo año regresa a La Española donde es acogido con cierto recelo por lo que vuelve a España. En 1501 será nombrado gobernador de la isla de Cuquibacoa partiendo al año siguiente de nuevo hacia Paria en compañía de Juan de Vergara y García de Ocampo. Sus dos socios serán apresados y Ojeda entablará un pleito del que conseguirá salir absuelto.

         En 1507 recibe una capitulación para recorrer la costa de Nueva Andalucía y parte hacia Cartagena junto a De la Cosa. Los conflictos con los indígenas serán muy graves, pereciendo en un ataque el propio De la Cosa. Diego de Nicuesa colaborará con Ojeda en la campaña contra los indígenas, consiguiendo fundar en febrero de 1510 San Sebastián, el primer asentamiento europeo en el continente Ojeda abandona la fundación -dejando a Pizarro como encargado de la defensa- y se traslada a Santo Domingo, recibiendo noticias de que la fundación ha sido abandonado. Vivirá pobremente en Santo Domingo y fallecerá en 1516

Juan de la Cosa:

 

         No son muchas las noticias que tenemos sobre Juan de la Cosa, uno de los pioneros en las expediciones que abrieron América a los europeos y uno de los que más viajes realizó al Nuevo Mundo. Nació en Santoña hacia 1460 y no tenemos más datos de su vida hasta que aparece mencionado en Lisboa en 1488, el año que Bartolomé Dias regresaba a Portugal tras rebasar el cabo de Buena Esperanza. Posiblemente De la Cosa estaba en la capital portuguesa como espía, enviado por los Reyes Católicos. Afortunadamente el marino consiguió escapar antes de que los oficiales lusos le capturaran. En 1492 Juan de la Cosa participa activamente en la expedición de Colón, siendo el propietario de la nao "Santa María", capitana de la expedición. Las relaciones con el almirante no fueron muy estrechas y éste acusa al cántabro de haber sido el culpable del hundimiento de la "Santa María" en la nochebuena de 1492.

 

          Los recientes estudios parecen negar esta acusación ya que De la Cosa también participó en el segundo viaje colombino y recibió una compensación económica sustanciosa de la reina Isabel I por la pérdida de su nao (28 de febrero de 1494). En 1499 el marino cántabro participa como piloto mayor en la expedición de Alonso de Ojeda. En este viaje se exploraron las costas entre la boca del Orinoco y el cabo de la Vela, siendo herido De la Cosa por una flecha indígena.

 

         A su regreso realizó su famosa "Carta-mapamundi" en la que recoge y representa todas las tierras descubiertas hasta el momento tanto por portugueses o españoles, incluso los descubrimientos de Cabotto. El mapa está realizado en el Puerto de Santa María en el año 1500 y en la actualidad se guarda en el Museo Naval de Madrid, habiendo sido adquirido por el Estado en pública subasta en 1853. Se especula que esta obra fuera un encargo realizado por los Reyes Católicos.

 

         En octubre de 1500 De la Cosa realiza su cuarto viaje, como capitán y corresponsable, en compañía de Rodrigo Bástidas. Las costas entre el cabo de Vela y el Darién serán recorridas durante la expedición, obteniendo importantes remesas de oro. En recompensa por el éxito, los Reyes le nombran alguacil mayor de Urabá. Será entonces cuando el marino aparezca como oficial asalariado de la recién creada Casa de la Contratación.

 

          En 1503 la reina Isabel le encomienda una delicada misión de espionaje en tierras portuguesas de la que no saldrá tan bien parado como en la primera ocasión. De la Cosa será arrestado y la propia Isabel tendrá que intervenir para conseguir su libertad.

 

          Los exploradores deseaban obtener de la Corona una capitulación para ampliar las zonas por descubrir. La deseada capitulación será conseguida y Juan de la Cosa realiza su quinto viaje, ahora como capitán general. Los cuatro barcos que formaban la expedición recorrieron las costas entre isla Margarita y el golfo de Urabá, recogiendo en Cartagena de Indias a los hombres de Cristóbal Guerra, poniendo rumbo a La Española.

 

         Regresó a España en 1506 y al año siguiente será requerido por la Casa de la Contratación para dirigir una pequeña escuadra de vigilancia de las costas entre Cádiz y el cabo de San Vicente, zona frecuentada por los piratas. En 1508 participará -junto a Yáñez Pinzón, Díaz de Solis y Américo Vespucio- en la comisión en la que se discutía el proyecto de una expedición a Asia por la ruta occidental.

 

         Su sexto y último viaje lo realizará en 1510, junto a Ojeda y Nicuesa, recibiendo del rey Fernando una importante ayuda ya que iba a instalarse junto a su familia en las nuevas tierras, recibiendo el cargo de Teniente Gobernador. En contra de los deseos del cántabro, Ojeda decidió desembarcar en la zona donde más tarde se asentaría Cartagena de Indias. El primer choque con los indios fue victorioso para los exploradores pero De la Cosa fue encargado de realizar una internada hasta Turbaco, siendo sorprendido por un grupo de indios que dispararon flechas envenenadas contra ellos, causando la muerte del marino y sus acompañantes

 

 Pedro de las Casas:

        Mercader sevillano que viajó con Cristóbal Colón en su segundo viaje a América, permaneciendo allí hasta 1498, y que acompañó a su hijo Bartolomé de las Casas en la expedición de Nicolás de Ovando en 1502.

 

 Cristóbal Guerra:

 Comerciante sevillano, se asoció en 1499 con su hermano Luis y con Pero Alonso Niño para emprender un viaje comercial a las Indias. Fletó una carabela, a la que llenaron de distintas mercaderías, recorriendo el litoral del caribe sudamericano, donde consiguió canjearlas por perlas y metales preciosos. A su vuelta a España, su socio Pero Alonso fue procesado por no pagar la quinta parte del botín, legalmente correspondiente al rey.

 

 Martín Alonso Pinzón:

Marino español que acompañó a su hermano Vicente y a Cristóbal Colón en el viaje de descubrimiento del Nuevo Mundo. Nació en Palos de la Frontera en 1440 y falleció en La Rábida en 1493, poco después de su vuelta del periplo americano del primer viaje. Capitaneó «La Pinta» y fue uno de los más eficaces colaboradores de Colón. En el primer viaje del Almirante, Martín embarcó como capitán de la «Pinta», en la que iba de maestre su hermano Francisco. Cuando la navegación comenzó a parecer demasiado larga y cundía el descontento entre la marinería, Martín incitó a Colón a ejecutar a los que deseaban amotinarse, según la declaración del anciano Hernán Pérez Mateos.

El 6 de octubre, al observar Martín que por los parajes que recorrían deberían hallarse las islas que llevaba Colón en su mapa, propuso a Cristóbal dejar la ruta hacia el O. que llevaban desde Canarias a lo largo del paralelo 28º e ir al SO., lo que Colón interpretó como deseo de Martín de ir a parar a Cipango. Tras el descubrimiento pocos días después, comenzaron a surgir disensiones entre ambos camaradas.

El 21 de noviembre, Martín abandonó a Colón con su carabela yéndose en busca de Babeque, isla que en Cuba describían como abundante en oro y que quizás se tratara de Inagua Grande; desde ella se dirigió a Haití, adonde debió llegar antes que su jefe, y donde encontró oro procedente del Cibao.

No volvió a encontrase con Colón hasta el 6 de enero de 1493, cerca de Monte Christi, quien aceptó sus excusas ya que le necesitaba al haber embarrancado la «Santa María». Regresaron juntos a Europa pero volvieron a separarse las naves a causa de una tempestad infernal. Desde Galicia, Martín se dirigió a Palos, a donde llegó el 15 de marzo de 1493, horas después que Colón. Martín llegaba gravemente enfermo de sífilis, falleciendo a los pocos días.

 

 

 

Pero Hernández Coronel:

 

         Cuando el Almirante dejó bien dispuestas las cosas de la isla.  Pero el Almirante, no contentándose con todo esto, acordó volver a descubrir por la costa de Cuba, de la que no tenía certeza si era isla o tierra firme. Tomando consigo tres navíos, el jueves, a 24 días de Abril de 1494, desplegó al viento las velas, y aquel día fue a dar fondo en Monte Cristo. Pero antes de salir instituyó un Consejo que quedaría en su lugar para gobierno de la isla, las personales del cual fueron: don Diego Colón, su hermano, con título de Presidente; el padre fray Boil y Pedro Hernández Coronel, Regentes; Alonso Sánchez de Carvajal, Regidor de Baeza, y Juan de Luján, caballero de Madrid, criado del Rey Católico.

 

 

 Diego Colón:

 

Hermano menor de Cristóbal Colón. Aparece como tejedor en documentos de 1484 y 1487, pero de él se sabe muy poco. De origen incierto en su lugar de nacimiento, al igual que el Almirante, probablemente Génova, nació hacia el año 1445 y falleció en Sevilla en 1515.

 Aparece en España en 1493, llamado probablemente por Cristóbal, y le acompañó, como persona de confianza, en su segundo viaje a Indias. Cuando partió de La Española para explorar Cuba (abril de 1494), dejó el Almirante a Diego al frente de un Consejo de gobierno. Diego no era la persona adecuada para aquellos tiempos difíciles, ya que el padre Las Casas lo pinta  como «persona virtuosa, muy cuerda, pacífica y más simple y bien acondicionada que recatada y maliciosa», es decir, sin energía, ni astucia, ni aguda inteligencia.

Como los hermanos Colón estaban mal vistos, pronto sufrió Diego, durante su mando, la defección de Boil y de Margarit, que, abandonando sus deberes, regresaron a España. Al año siguiente le nombró Cristóbal sustituto de Bartolomé en el Gobierno al regresar a la Península. En 1495, hizo un viaje a España muy rápido, de unos pocos meses, para contrarrestar ante los reyes las voces de los detractores de las Indias que ya empezaban a oírse. Las tristes jornadas de agosto de 1500, con la llegada del sustituto de Colón, Francisco de Bobadilla, fueron vividas muy intensamente por el menor de los Colón que se resistió a entregarle el mando y fue hecho preso y, encadenado, como sus hermanos, enviado a la Península.

Al ser liberado, como sus hermanos, el 8 de febrero de 1504, los reyes le concedieron una carta de naturalización, "para que podáis haber e hayáis cualesquier dignidades e beneficios eclesiásticos". Diego haría práctica su vocación de sacerdocio ya que los Reyes Católicos le otorgaron carta de naturalización en Castilla (febrero de 1504) para que pudiera optar a beneficios eclesiásticos, documento bien revelador de que la familia Colón era extranjera en España a pesar de las interpretaciones que han querido dársele.

En su testamento, también alude Cristóbal a la condición religiosa de su hermano, aunque no consta de si se ordenó. En 1509, regresó a la Española acompañando a su sobrino del mismo nombre y nuevo gobernador de las Indias. Allí residió y disfrutó de encomiendas. En septiembre de 1514 regresó a España para hacerse cargo, entre otras cosas, de los bienes de Bartolomé Colón, recientemente fallecido. El 21 de febrero de 1515 falleció Diego en Sevilla. Su cuerpo fue enterrado en la capilla de Santa Ana de la cartuja de las Cuevas.

Diego Colón fue una figura de escaso relieve, apagada, blando de condición, un ser pasivo que sólo destacó por el reflejo de la gigantesca personalidad de su hermano Cristóbal, quien, al parecer, le estimaba profundamente. No participó en el cuarto viaje de Cristóbal.

 

 Pedro Margarit:

 

Caballero catalán de noble familia, pariente lejano del obispo de Gerona, Juan Margarit. Nació hacia 1456 en Castell de Ampurdà (Gerona). Su padre, Juan Bertrán (lo de Margarit le venía por línea materna) pertenecía a una conocida familia de marinos barceloneses. Sirvió a las órdenes de Fernando el Católico, obteniendo un hábito de Santiago y el alguacilazgo de la Inquisición de Zaragoza, estando en la Guerra de Granada.

Fue uno de los hombres de confianza de los Reyes enviados con Colón en su segundo viaje, del que se hizo muy amigo, siendo nombrado por el Almirante capitán de la fortaleza de Santo Tomás en el Cibao, en la isla La Española, comarca que se creía rica en oro. Hostilizado por el cacique Caonabó, Colón envió en socorro de Margarit a Alonso de Hojeda, con duras instrucciones para que Margarit se librara del cacique mientras el Almirante partía para la exploración de Cuba.

Margarit siguió las instrucciones a su libre albedrío y cometió numerosos desmanes contra los indios. Pronto se indispuso con el Consejo de Gobierno dejado por Colón y presidido por su hermano Diego, pues quizás aspiraba a obtener el mando supremo. Llegó a tal su atrevimiento que, con otros enemigos de Colón, entre ellos el padre Boil, partió hacia España sin esperar el regreso del Almirante.

Llegado en noviembre de 1491 a la Península, pintó con los peores colores el gobierno de Colón en las Indias, ponderando el desorden, la mala administración, los abusos y el mal trato a los españoles. Tales inculpaciones comenzaron a quebrantar la confianza real en Colón y, por el mal ambiente creado, formaron el inicio del camino que condujo a la prisión del Almirante y sus hermanos a cargo de Bobadilla. De Margarit sólo se sabe que siguió a sueldo de la Corte, y que todavía vivía en Zaragoza en 1497, sin que, al parecer, se le castigara por su deserción.



Américo Vespuccio: (1499-1503)



1499-1503, Américo Vespuccio (Florencia, 1454-Sevilla, 1512). Marino italiano, hijo de un notario, estudió bajo la dirección de su tío, el dominico humanista fray Jorge Antonio Vespucci. Acompañó en 1478-1480 a su pariente Guidantonio Vespucci, embajador de Florencia en Francia, en calidad de secretario. Se dedicó al comercio y entró al servicio de la casa de Médicis.



En 1492 se trasladó a España para representar los intereses comerciales de esta familia en Sevilla, donde se puso al servicio de Juanoto Berardi, florentino dedicado al comercio de oro y esclavos y proveedor de los aprestos de las naves en las travesías al Nuevo Mundo. Tras la muerte de Berardi en 1496, Vespucio se sintió seducido por el espíritu de aventuras de la época y se dedicó a la navegación, demostrando extensos conocimientos náuticos y cosmográficos.

La cuestión de sus viajes habían de proporcionarle tan enorme celebridad que llegó a bautizar con su nombre el nuevo continente, descubierto para los europeos por Colón, está estrechamente enlazada con el de las fuentes históricas de los mismos, y ofrecen una serie complejísima de difíciles problemas. Concretándose a los hechos que presentan mayor certeza, Vespuccio llevó a cabo un viaje en compañía de Alonso de Hojeda y Juan de la Cosa en 1499, siguiendo la ruta del tercer viaje de Colón.

Salieron de Cádiz en mayo, el 16 o el 18, y según el relato de Américo, hallaron hacia el suroeste una tierra exuberante y cálida; penetró Vespuccio en un caudaloso río, que bien pudiera ser el Amazonas; siguieron la costa 40 leguas al sureste, hasta 5º o 6º sur, buscando el florentino la Cattigara de Ptolomeo, límite del mundo conocido en el extremo oriente; hubieron de tomar rumbo NO, impulsados por una corriente que iba en esa dirección; vieron las bocas de los ríos Essequibo y Orinoco; llegaron a la isla de la Trinidad, atravesaron el golfo de Paria, recorrieron la isla Margarita y el litoral situado más al O, pertenecientes hoy en día a Venezuela; pasaron a la isla que llamaron de los Gigantes (Curaçao) y penetraron en el golfo de Maracaibo, donde la vista de un pueblo palafítico hizo que se le bautizara con el nombre de Venezuela o pequeña Venecia (agosto de 1499). La expedición de Vespuccio prosiguió hasta el cabo de la vela, de donde emprendieron el regreso, tocando en el puerto de Yáquimo, en la isla La Española, en septiembre de ese año; de allí debieron navegar hacia las Lucayas para capturar esclavos, llegando a España en el verano de 1500.

El relato de Vespuccio, no obstante, no coincide con el de Hojeda, ni en las fechas ni en el espacio recorrido. Esta contradicción ha hecho suponer a muchos historiadores, como Magnaghi y Levillier, que aunque salieron juntos Hojeda y Vespuccio, durante la navegación se habrían separado y que el florentino, sin saberlo, claro, habría descubierto el Brasil desde el cabo de San Agustín o el cabo de San Roque al NO, antes que Pinzón o el portugués Álvares Cabral, al mismo tiempo que habría sido el primer europeo en haber visto el río Amazonas, aunque no existe veraz constancia de ello. Incluso Levillier le atribuye el descubrimiento de la Florida norteamericana en su recorrido por las Antillas, territorio que, por cierto, ya aparecía en los mapas de Cantino y Caverio en 1502. En este viaje, Américo todavía creía que esas nuevas tierras se hallaban en Asia.

Un año después de su vuelta a España, Vespuccio entró al servicio del rey de Portugal tomando parte en la expedición de 1501, primera que se enviaba a Brasil o Tierra de Santa Cruz, después de su descubrimiento por Cabral, para explorarla, lo que indica que Américo gozaba de prestigio suficiente, como cosmógrafo, para que se solicitaran sus servicios en el país que estaba más adelantado de toda Europa en ciencia náutica y geografía, merced a la escuela marítima radicada en Sagres y fundada por Enrique el Navegante. Ambos viajes aparecen reseñados en sus cinco "Cartas", especialmente "Mundus Nuvus" y "Lettera di Amerigo Vespucii delle isole nuovamente ritrovate in quatto suoi viaggi". Esta última es la que llega a las manos de Martín Waldseemüller en el Gimnasio Vosgo, en Saint-Dié, del grupo de eruditos que trabajaban en una edición latina de la "Cosmografía" de Ptolomeo. Encargado de redactar la introducción, que llevaría como apéndice la carta de Vespucci, propuso nombrar a las nuevas tierras como América. Vespuccio murió en 1512 en Sevilla.

En este viaje, el historiador Levillier atribuye a Vespuccio el descubrimiento del Río de la Plata, catorce años de su descubrimiento oficial para España, por parte de Díaz de Solís. Incluso, la tierra vista y descrita por Vespuccio en la alta latitud de 50º o 52º, bien podría ser las islas Malvinas o, más probablemente, la costa de Patagonia. Lo que sí es seguro es que la expedición retornaría a Lisboa en el verano de 1502, según una carta del embajador veneciano en España dirigida a su Gobierno.

Por motivos desconocidos, (¿había efectuado Américo servicios de espionaje cerca de Portugal para el rey de España?) Vespuccio regresó al servicio de España, probablemente en 1504, y en abril del siguiente año se le concedió la naturalización en los reinos de Castilla y León. De esta época trata una carta (febrero de 1505) de Cristóbal Colón a su hijo Diego en que tributa grandes elogios al navegante florentino, demostrando, por tanto, que en aquel momento no existía ninguna disensión entre ambos aventureros. De aquí en adelante, Américo figuró al servicio de España como uno de sus mejores navegantes y como tal recibió orden, en 1505, de preparar, con Pinzón, una flota que debería dirigirse a las islas de la especiería, expedición que nunca partiría de España. Participó, también, en la Junta de Burgos de 1507, con Pinzón, Solís y Juan de la Cosa, en que se acordó enviar a Nicusa y Hojeda al Darién y Nueva Andalucía y a los dos primeros a explorar la zona desconocida al oeste de las Antillas. El aprecio del Gobierno español por el florentino culminó con su nombramiento de piloto mayor en la Casa de Contratación, con 75.000 maravedíes al año, cargo muy importante ya que debía encargarse de examinar y autorizar a los demás pilotos y elaborar el mapa tipo en que se recogieran todos los nuevos descubrimientos o Padrón Real (Reales Cédulas de 22 de marzo y 6 de agosto de 1508). La confianza que en él se tenía depositada habla bien a las claras de sus cualidades, hasta el punto que se le atribuyó un método nuevo para calcular la longitud por las distancias lunares a los planetas, aprovechando sus conjunciones. Permaneció en este cargo hasta su muerte, habiéndose casado en España con María Cerezo, a quien se otorgó una pensión al morir en atención a sus méritos y servicios a la monarquía española.

Américo, famoso por haber dado su nombre al nuevo continente, es uno de los personajes más discutidos de la Historia. Sus hechos están envueltos en oscuridades que no permitían vislumbrar su pleno alcance. Sin embargo, el criterio sobre él ha evolucionado, y después de ser considerado un falsario en siglos pasados (Navarrete e, incluso, Humboldt que niega la veracidad de su primer viaje), o de haber excitado después el fervor hasta la ofuscación, hoy queda el juicio de que Vespuccio recorrió una grandísima longitud de costas en América, y percibió, por primera vez de modo indubitable, que tal masa continental y en el hemisferio meridional no podía asimilarse a Asia, idea que lanzó hacia Europa y que fue recogida ampliamente conforme fueron publicándose sus viajes. Fue un precursor de Magallanes, no sólo por haber llegado a más de 50º S, sino porque debió suponer la existencia de un estrecho y de un mar occidental, en cuya busca, como hemos visto, solicitó el favor de Fernando el Católico para su frustrada expedición a las islas de la Especiería que, lógicamente, hubiera partido por el O tras el Tratado de Tordesillas.


 

 Padre Bernardo Boil: (1493- 1494) 

Religioso cuya celebridad proviene de su intervención en el segundo viaje de Colón. De su vida se conocen tan sólo algunos períodos aislados. Valenciano o catalán, probablemente de Tarragona, debió de nacer a mediados del siglo XV, de familia noble, y llevó algún tiempo vida de caballero, próximo a la Corte, siendo secretario del rey y comisario en una expedición a Cerdeña en 1479.

Monje y luego ermitaño en Montserrat, se ordenó en 1481, y ejerció las funciones de abad (lo era en encomienda Julio della Rovere, más tarde papa Julio II). Conoció a Francisco de Paula y se pasó a la Orden de Mínimos fundada por este santo, quien le nombró su vicario general en España. Como quiera que Fernando el Católico quisiera reformar el Monasterio de Montserrat en sentido de mayor austeridad, Boil, nombrado vicario apostólico, fue enviado a las Indias como hombre de su confianza para iniciar la evangelización del Nuevo Mundo.

Acompañó a Colón en su segundo viaje dotado de amplias facultades y acompañado de varios religiosos de otras órdenes. Su estancia en la isla española fue breve ya que pronto se indispuso con Colón, figurando en el grupo de descontentos que, con Margarit, regresaron a España en 1494, a donde llegó en noviembre. Sus quejas y acusaciones contra Colón iniciaron el ambiente de descrédito en que fue cayendo el Almirante.

Los Reyes Católicos decidieron que Boil no volviera a las Indias y fue enviado a Roma donde permaneció varios años. En 1498 se le dio en encomienda la abadía de Sant Miquel de Cuxà, en el Rosellón, de donde fue sustituido en 1507.